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La Casa del Dragón T3: El coste del poder

La Casa del Dragón T3: El coste del poder

La tercera temporada de House of the Dragon se puede dividir en tres grandes bloques que definen su ritmo y estructura. En su conjunto, la sensación general es la de estar ante una temporada de enlace, un extenso y continuo calentamiento hacia lo que será la traca final de la serie.

Un arranque inmejorable (Episodios 1 y 2)

Con Ryan Condal asumiendo el control en solitario como showrunner, esta entrega de ocho episodios comienza con el mayor nivel de intensidad (y presupuesto) visto hasta la fecha. Este inicio arrollador viene a satisfacer la larga espera de dos años y compensa claramente aquel cierre inconcluso de la temporada anterior, motivado por recortes de plataforma.

El primer episodio, "Salt and Sea, Fire and Blood", nos sumerge de lleno en la Batalla del Gaznate, enfrentando a la flota de Velaryon contra la Triarquía y demostrando que dominar a un dragón no es tarea sencilla. Estos dos primeros capítulos son, sin duda, el mejor inicio de temporada de la serie y ponen el listón altísimo.

La calma antes de la tempestad (Episodios 3 al 6)

A partir del tercer capítulo, la narrativa cambia de marcha. Entramos en una fase donde se siente que la serie simplemente nos está preparando para lo que vendrá después. El ejército de los Hightower avanza, Desembarco del Rey se convierte poco a poco en una ciudad sin gobierno, y vemos a una Rhaenyra superada por la situación, intentando hacer lo correcto pero perdiendo el control ante el creciente descontento popular.

En cuanto al tono, los guionistas se han permitido introducir más momentos de alivio cómico y situaciones patético-cómicas (como la muerte del villano en el episodio final). Aunque se entiende la intención, a veces estas decisiones sacan un poco de la inmersión, contrastando de forma abrupta con la pura desolación de eventos como el trágico suicidio de Helaena o la crudeza de las batallas.

El episodio 6 cierra este bloque de cocción lenta con una decisión narrativa audaz: la muerte de Criston Cole. Para un personaje que ansiaba morir con honor, su final resulta totalmente anticlimático e irrelevante, abatido desde la distancia por unas flechas sin tiempo siquiera de levantar su espada. Una muerte poética en su patetismo.

El resurgir y la batalla final (Episodios 7 y 8)

El último bloque recupera la iniciativa narrativa. Destaca especialmente el séptimo episodio, probablemente el mejor de la temporada, al margen de la pura acción. Es un capítulo centrado en intrigas de palacio (como el envenenamiento de Aemond) y en la figura de Aegon, quien resurge literalmente de sus cenizas tras sobrevivir casi de milagro bajo el cuerpo del dragón caído.

El cierre de la temporada nos entrega la espectacular y devastadora batalla final en la ladera. Aquí presenciamos la traición de Ulf, confirmando que estos nuevos jinetes de dragones no tienen mayor lealtad que hacia sí mismos. El final nos deja a una Rhaenyra sumida en el pánico al descubrir que Aegon sigue vivo y acechando, y un escenario general completamente desolador.

Conclusión: Luces y sombras de la adaptación

Separando la serie de los libros, esta temporada toma decisiones polémicas (como sustituir a Ortigas por Rhaena como jinete de Robaovejas) que seguro generarán debate. Además, como ya ocurrió anteriormente, peca de dejarnos con otro cliffhanger que nos obliga a esperar hasta 2028 para ver la resolución.

A pesar de un tramo central que desinfla un poco el ritmo y de la frustración de tener que esperar otros dos años, es una temporada sumamente disfrutable y esencial. El poder corrompe, los protagonistas se dejan llevar por el orgullo, y el tablero queda perfectamente dispuesto para una cuarta y última temporada que promete ser una épica e implacable danza de dragones.

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